Crónica a un año del Primer (y último) Gran Festival de Bandemia

El caótico final del Bandemia del 2 de agosto de 2025 amenazó con herir de muerte a la 'escena' de música alternativa independiente de México. A un año, recuento los sucesos del festival y lo que nos puede decir sobre el estado de la 'escena' nacional.

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Crónica a un año del Primer (y último) Gran Festival de Bandemia
Macario Martínez en el Bandemia el 2 de agosto de 2025, tocando en acústico después de irse la luz.

2 de agosto, 2025:  Abren puertas 11:00 am - 12:00 pm 

La primera controversia del autonombrado “primer gran festival masivo” de Bandemia parece hoy al mismo tiempo insulsa y curiosamente profética. La polémica fue provocada por el anuncio del recinto en que tendría lugar: Sala Urbana, un centro de eventos techado en Naucalpan, Estado de México. Por más que Sala Urbana se encuentre a menos de un kilómetro y medio de la frontera con la Ciudad de México, que no estuviera dentro de ella —como fue prometido por los organizadores— sonaron las primeras alertas para muchas personas. Según muchos comentarios en la publicación del recinto en redes, este anuncio fue suficiente como para que algunos tomaran la decisión de revender sus boletos. 

Bandemia, una promotora y organizadora de conciertos y festivales independientes liderada por Luis Tejeda, se posicionó desde 2024 como una mejor opción a las grandes corporaciones de entretenimiento que acaparan todo el universo de la música en vivo del país. Según Luis y muchas personas cercanas a él, ha organizado más de cien espectáculos y eventos de música alternativa desde 2020. Una cifra impresionante para alguien que todavía es un adolescente. El propósito de Bandemia era darle espacio a las grandes bandas y artistas de esta ‘escena’ mexicana actual, aprovechando la ya existente cercanía musical y política entre muchos de ellos.

A principios de 2025, en uno de sus eventos, Bandemia anunció su primer festival masivo de 28 bandas, a tomar lugar el 2 de agosto de ese mismo año. El evento era llamativo por lo expansivo de su propuesta. En un mismo lugar estarían músicos de larga trayectoria como Juan Cirerol; veteranos de ‘la escena’ como Belafonte Sensacional, El Shirota y No Somos Marineros; la nueva estrella mexicana de aquel año, Macario Martínez; y las sensaciones del post-punk y post-rock nacional: Diles que no me maten, Grito Exclamac!ón y unperro andaluz. 

Son las 11:45 de la mañana del 2 de agosto, y pienso en esta curiosa controversia mientras espero en la parada de camión frente al centro comercial Mundo E, varios kilómetros al norte de Sala Urbana. Dos pensamientos cruzan mi mente: 

  1. El largo camino de algunas bandas de la ‘escena’. En especial pienso en El Shirota, a quienes vi por primera vez con su alineación original un sábado 23 de agosto de 2014 en una pequeña bodega de la empinada colonia Viveros de la Loma, como parte del Sir Francis Fest. La entrada costaba $50.
  2. La grata sorpresa que fue el anuncio de Sala Urbana como recinto. Habiendo vivido la mayor parte de mi infancia y adolescencia en Ciudad Satélite y alrededores, he estado acostumbrado a los largos trayectos a la CDMX para algún festival masivo. Ahora sería por mis antiguos rumbos.

Me subo a un camión en dirección a Cuatro Caminos, recordando aquel día lluvioso del Sir Francis Fest de hace 11 años. 

La Sala Urbana, en la esquina de Periférico con Boulevard Toluca.

El ruido inmersivo de los sueños 12:00 pm - 12:30 pm

Llego un poco más tarde de lo que me hubiera gustado, y puedo escuchar desde dentro de Sala Urbana el inconfundible sonido de un muro de guitarras reverberadas, una señal de que probablemente ya inició el dream pop de la muy adecuadamente nombrada El ruido inmersivo de los sueños. 

Me quedo varios minutos inspeccionando las inmediaciones de la sala. Hay un casino a un lado, un par de hoteles que se alzan sobre el recinto y el Boulevard Toluca que sale de Periférico para adentrarse en la zona industrial del municipio.

Me sorprende que no deba hacer fila para pasar por seguridad. El hombre que me revisa tantea mi bolsa. La abre y ve mi libreta y cámara.

—¿Prensa?

Seguro lo dice por mi bolsa con el logo de una estación de radio de la que no soy miembro. No cuento con acreditación, pero en ánimos de creerme un poco este efímero rol de cronista de eventos, le contesto que sí y paso.

La entrada es un gran portón después del cual se deben subir varias escaleras. Primero, hay un descanso con una mesa de venta de merch  y una paquetería. En un segundo descanso se encuentran los únicos baños del foro y la salida de emergencia. En el tercer descanso, accedo al área del concierto. 

Al subir, veo a El ruido inmersivo de los sueños despedirse. El lugar es mucho más pequeño de lo que esperaba, pero el aforo actual de alrededor de cien personas me deja despreocupado. Espero que se mantenga así. 

Este ambiente más relajado me recuerda al Festival Nrmal durante sus primeras iteraciones en la CDMX, eventos destacables por su curaduría, su organización y por su curiosa sede: el Estado Mayor Presidencial.

Necromorfo

NecroMorfo 12:30 pm - 1:00 pm

“Vuelve Nrmal”, pienso, mientras tres chicos con sombrero y un cuarto con el pelo larguísimo suben al escenario. ‘Escenario’ es una curiosa forma de referirse a la tarima al fondo del recinto dividida en dos donde se presentarán los artistas. Del lado izquierdo está el ‘Estoy Harto de Todo el Mundo’ —donde está desmontando El ruido inmersivo de los sueños— y del lado derecho está el ‘Bandemia’, donde están por tocar los punks asombrerados de NecroMorfo. Otra de las curiosidades del Bandemia es que cada artista tiene solamente una media hora para tocar; muy poco tiempo cuando lo comparas con festivales similares. Los únicos eventos que recuerdo con 28 bandas por día son el Vive Latino y similares, que en sus mejores años tenían hasta cinco o seis escenarios. Aquí —en un lugar encarpado pequeño, con un escenario haciendo la labor de dos— hay algo raro de lo improvisado que se siente el ambiente.

Mientras escucho a NecroMorfo cantar que les gustaría andar con una  morra que se parezca a Karely Ruiz, veo cómo el staff de Bandemia monta nuevamente el escenario ‘Estoy Harto de Todo el Mundo.’ Todo se ve apretujado y algo incómodo allá arriba.

Necromorfo

Buen cariño dan 1:00 pm - 1:30 pm

Ya parece estar llegando más gente. Buen cariño dan se atrasa un poco en su montaje, por lo que voy por una cerveza. Hay cuatro puestos que sirven bebidas, uno en cada esquina del lugar. Me acerco al más alejado de la audiencia y veo los precios: 

    • Cerveza $120
    • Agua $30
    • Refresco $50

Acostumbrado a los casi $200 pesos que cuesta una cerveza doble en un festival al aire libre, los precios acá no están nada mal. Mientras me siento en el piso a escribir y a tomarme mi cerveza, asimilo un poco la disposición del lugar. A ambos lados del escenario hay unas escaleras para subir a una suerte de balcón que se extiende sobre el piso general: una zona VIP con cadenero incluido y con las únicas mesas del lugar. A esta hora se encuentra vacía, salvo por un par de sillas ocupadas por lo que parecen ser miembros de prensa. 

Intento ubicar los puestos de comida del lugar para irles avisando de las opciones a mi novia y amigos que todavía vienen de camino. No los ubico en un primer instante hasta que veo, debajo de una de las escaleras, un pequeño cubículo con un letrero de SNACKS. Intento encontrar otro, hasta que me doy cuenta de que es el único.

Algo preocupado, me acerco y le pido un menú a la chica que está atendiendo. En efecto, sólo venden lo que equivale a tentempiés: hot dogs, palomitas, sopas Maruchan y papas. Recuerdo entonces que el Bandemia no informó en redes sociales sobre algunos de los sobreentendidos que debería tener un festival masivo. No hizo ningún mapa del recinto con las ubicaciones de los baños y —mucho más importante— las salidas de emergencia. No dio recomendación alguna sobre rutas de llegada y salida en transporte público o en coche propio. Me estoy dando cuenta de que no dio más opciones de comida más que las que ya tenía Sala Urbana. 

Un par de días antes, en su única publicación informativa —en la cuenta de Instagram del Bandemia, que para julio de 2026 ya se encontrará suspendida— sólo avisó sobre los objetos no permitidos para ingresar, que no había reingreso si uno decidía salir, y que contaban con servicio de valet parking por $200.

Me alegro de haber desayunado un poco más de lo que acostumbro. Hay más opciones de comida en un cine con una fracción de la capacidad que la que tiene este lugar. Le mando mensaje a todas las personas que conozco que todavía vienen de camino:

Sólo hay snacks, no hay puestos de comida. Coman algo antes de entrar. Tampoco hay reingreso.

Ya hay una fila de cerca de 20 personas en el clóset de tentempiés.

Pájaros Vampiro 1:30 pm - 2:00 pm

Minutos antes de que comience Pájaros Vampiro, me encuentro con mi amigo Anuar. Acaba de llegar.

—¿Comiste algo antes de entrar?

—No. Afuera no encontré algo muy distinto a lo que habría aquí.

Nos acercamos a los escenarios desde el lado izquierdo. Ha habido algunos problemas de audio, pero nada fuera de lo común. En NecroMorfo parecía que estaba por tronarse una bocina. Al cantante y guitarrista de Buen cariño dan le dejó de funcionar su pedalera. Pero es en Pájaros Vampiro donde el audio se vuelve el principal problema. Las voces están kilómetros por encima del resto de la mezcla, y esto vuelve al punk de Pájaros Vampiro más estridente de lo necesario.  Tampoco ayuda que el techo de Sala Urbana sea una vil lona. La verdad, nada más allá de lo esperado para un festival de música independiente. Intento concentrarme en otra cosa. Noto que uno de los guitarristas viene vestido como el crítico de música Anthony Fantano.

Risin' Sun

Risin’ Sun 2:00 pm - 2:30 pm

Voy al baño. Mi inicial impresión de la organizada logística del recinto se me desmorona en el momento en que veo la fila del baño de mujeres y el patético estado en el que ya está el de hombres. 

Mientras varias personas surfean sobre la audiencia, se organiza un slam frente al escenario. La mayoría dentro del círculo debe de tener unos dieciséis o diecisiete años. Este joven mosh pit —de los más alebrestados que he visto recientemente— se vuelve un componente básico de la audiencia para los artistas restantes del festival. La emoción de todos los asistentes es infecciosa. 

Sgt. Papers 2:30 pm - 3:00 pm

Después de verlos abriéndole a los Buzzcocks en su última visita a México, me convencí de que Sgt. Papers es de las bandas más consistentes de esta ‘escena.’ Su versión de enérgico garage rock que me recuerda tanto a The Kinks como a Wavves y a Ty Segall es garantía como un show en vivo.

A la mitad de su set me llega un mensaje de mi novia Ali. Acaba de pasar seguridad. Me encuentro con ella justo al lado de la mesa de merch. Le pregunto si ha comido algo antes de entrar.

—No me iba a dar tiempo… Oye, por cierto… ¿No crees que ya hay mucha gente? Va a ser un pedo la entrada. Ya hay muchísima fila allá afuera, y parece que hay diferentes tipos de boletos…

Me cuenta que en la entrada ya se había dividido el acceso en tres filas: aquellos que compraron sus boletos en línea y traían un código QR, aquellos con boleto físico comprado en alguno de los múltiples puntos de venta, y aquellos que venían sin boleto pero que tenían su nombre en una lista. Parecía ser que esta última fila era tanto para los invitados del talento y del staff como para los que compraron su boleto en una preventa de $100 pesos sin conocer el cartel. Es decir, para aquellos que confiaron en este proyecto desde un inicio.

El guardarropa ya se ve desbordado y se ve poco fluido el nivel de acceso en la entrada. Decidimos comprar unos pins de Pájaros Vampiro y subimos para acercarnos al escenario.

Días después del evento, Ali me confesará que una angustiante sensación se apoderó de ella cuando vio el recinto por primera vez. Me dirá que entre la cantidad de gente, la lona de Sala Urbana que no dejaba ver hacia afuera, y el segundo piso VIP que parecía encapsular a la audiencia, el lugar era la pesadilla de un claustrofóbico. 

Niño Viejo

Niño Viejo 3:00 pm - 3:30 pm

Las luces de los reflectores generan calor, la banda genera calor, la audiencia genera calor y estamos debajo de una enorme lona, con sólo unos cuatro ventiladores industriales favoreciendo el flujo de aire.

Del lado derecho, vemos a varios elementos de seguridad con un semblante serio resguardando un área. Por lo húmedo y caluroso del ambiente, pienso que a una persona ya le dio un golpe de calor. Me asomo entre la gente y veo que están cambiando una tabla de madera del piso que seguro se rompió durante alguno de los mosh pits de Sgt. Papers o Risin’ Sun. Realmente no sé cuál es el propósito de que hayan puesto estas tablas. 

Niño Viejo comienza a tocar. Su música me recuerda al tipo de folk que era famoso a principios de la década pasada. Durante su presentación, es el primer avistamiento de Ed Maverick, que se les une para una canción. Maverick es por mucho la persona más famosa que se subirá al escenario hoy, y me alegra que todavía una figura con su nivel de celebridad apoye eventos independientes como este. 

Ed Maverick

Saturnino 3:30 pm - 4:00 pm

Anuar y yo tenemos la teoría de que gran parte de las bandas que se presentan hoy fueron inspiradas por For The First Time, el álbum debut de Black Country, New Road. Viendo que para Saturnino se sube un saxofonista y montan unos bongos, nos preparamos para comprobar nuestra hipótesis, pero Saturnino se siente más influenciado por el ska-punk muy famoso en nuestro país que por el post-rock británico de la Windmill Scene

Saturnino

Mabe Fratti 4:00 pm - 4:30 pm 

Mabe Fratti es la persona con mayor reconocimiento de la crítica internacional en este cartel. Me parece curioso que se presente tan temprano y rodeada de bandas mucho más ruidosas. 

La violonchelista guatemalteca siempre ha sido difícil de encasillar aun cuando se ha vuelto muy popular. Aquí, su música clásica avant-garde se siente como el festival poniendo el freno de mano. Aun así, es la mejor presentación que he visto hoy. Pienso en mi amigo David, que todavía no llega, pero que quería ver a Mabe Fratti. Se me ocurre mandarle un mensaje, pero me distraigo con los visuales del show.

Termina su set con Enfrente, una de mis canciones favoritas de los últimos años, y nos dirigimos al baño de nuevo.

Mabe Fratti

Ven y Mira 4:30 pm - 5:00 pm.

Saliendo del baño, nos encontramos con mis amigos Nico y Nacho. Después de ponernos al corriente con ellos, Ali se pone algo seria y nos dice que deberíamos ir a comer algo. 

Todos estamos de acuerdo. Ninguno de nosotros ha comido desde el desayuno. Nos dirigimos al cubículo de snacks del lugar y nos aterrorizamos al descubrir que la fila ya le da dos vueltas al fondo del recinto. Calculo que hay al menos 100 personas formadas. Brevemente consideramos aguantarnos el hambre, pero mejor decidimos formarnos. Esta es una de las últimas horas disponibles para comer, ya que de Mint Field en adelante no nos gustaría alejarnos mucho del escenario.

Delirio 5:00 pm - 5:30 pm

Cuando Delirio comienza a tocar, me volteo con Anuar y confirmo que estamos pensando lo mismo: Esto sí se siente inspirado por For The First Time. 

De fondo, tienen La Montaña Sagrada de Alejandro Jodorowsky reproduciéndose a través de varios filtros psicodélicos.

Termina Delirio. Apenas hemos avanzado unos 20 pasos en la fila de la comida.

Mengers 5:30 pm - 6:00 pm

Tengo hambre, tengo sed, y según un güey que me vio en la fila, mi playera está bien vergas. 

—Todos ustedes se ven bien vergas —dijo, mientras señalaba a nuestro grupo, para después alejarse sin despedirse.

Aprovecho para entrevistar a algunas personas de la fila para saber cómo la están pasando y qué les ha parecido el lugar. Más allá de la emoción por ver a algunas de las bandas faltantes, el consenso es que hace demasiado calor y el sonido es terrible. 

Al final de Mengers, por fin podemos ordenar nuestra comida. La caja está teniendo problemas con su sistema, por lo que sólo hay pagos en efectivo. Compramos unos hot dogs, palomitas, papas y dos Maruchan. Nico es vegetariano y las papas son las únicas cosas que puede comer. Mientras esperamos recibir nuestra comida, él va al baño.

Sonic Emerson 6:00 pm - 6:30 pm

Sonic Emerson tarda en comenzar y nos perdemos el momento en que dejan de afinar y comienzan a tocar. Agradezco ya tener algo de comer, pero me pongo nervioso por lo que podría pasar en este lugar con miles de personas donde fluye la cerveza, pero —por lo que puedo ver— ya hay poca comida. 

Es entonces cuando Nico vuelve con una noticia: ya no están dejando entrar.

—¿Cómo? —pregunta Ali.

—Sí, ya no hay nadie pasando y está cerrada la reja de la entrada.

Nacho sabe que estoy escribiendo una crónica del evento.

—¡Tienes que ir a ver! —me dice. 

Siento vibrar mi cel y veo que David me mandó varios mensajes durante los últimos minutos:

[02/08/25, 6:16:41 p.m.] David: Aqui andamos afuera
[02/08/25, 6:16:45 p.m.] David: Pq no se puede pasar
[02/08/25, 6:18:02 p.m.] David: Hahahaha

Jaxho 6:30 pm - 7:00 pm

Mientras empieza Jaxho y terminamos de comer, le marco a David y le pido que por favor registre lo que está sucediendo allá afuera. Me contesta unos 20 minutos después:

[02/08/25, 6:51:47 p.m.] David: Ya hicimos un registro documental
[02/08/25, 6:51:56 p.m.] David: De que está pésimamente mal organizado
[02/08/25, 6:52:00 p.m.] David: Chance hay portazo
[02/08/25, 6:52:04 p.m.] David: Sería lo mejor la verdad
[02/08/25, 6:52:11 p.m.] David: Le daría más caracter

Jaz 7:00 pm - 7:30 pm

Tiene sentido que ya no estén dejando pasar. Ya hasta el caminar es difícil por tanta gente aquí adentro. Aun así, no entiendo por qué es que hay gente con boleto que se está quedando fuera. David, que viene con su roomie Alberto, me manda una nota de voz describiendo lo que está sucediendo allá afuera:

“Estamos afuera del lugar, y vemos una patrulla de la cuál se bajaron dos policías […] Hay como más de 1,500 personas… No, como 1,000… Mira, hay tres filas: dos que se hacen como una bola de personas indistinta que le da la vuelta al foro, y hay otra, donde estamos nosotros, que es nueva. De nueva creación. Estoy al lado de unos güeyes que tienen maquillaje como de Kiss. La gente está enojada. Y Alberto dice que las vibras son muy de News Divine. Cuando llegamos ya había gente que llevaba esperando más de una hora y media. Nosotros llevamos una hora aquí, así que pon tú que ya van como tres horas que no dejan pasar a más gente. Esto, a mi juicio, sólo se va a poner peor, ya que sólo vemos que esta llegando más y más gente. Nos han dado atole. El atole del: 'Ya ahorita… Sí, sí, ya ahorita pasan.' No sé que estaban esperando. Están intentando despejar a la gente. Todos traen buen estilo, la neta. Es una lástima. Está culero que los del Bandemia no digan nada. Nada más suben historias de lo que pasa allá adentro. Un festival muy del Estado de México, la verdad.”

David, como yo, ha vivido gran parte de su vida en el Estado, y si algo hemos aprendido es a burlarnos de él como mecanismo de defensa. 

Leyendo esto, le aviso a Ali que iré a la entrada a ver qué está pasando. Me acompañan Anuar, Nico y Nacho. 

En efecto, vemos que la puerta de entrada ya está cerrada y hay un policía municipal con el rostro tapado vigilando que nadie pase del primer descanso de las escaleras. 

—Los que no estén comprando o dejando cosas en guardarropa, les pedimos que suban —grita el policía, intentando dispersar a la gente. Nacho nota que en su uniforme, arriba de la bandera de México, tiene un pequeño parche de un cráneo algo fascistoide. 

Y a todo esto, ¿qué hace un policía municipal acá adentro?

Tengo un mal presentimiento, por lo que decido regresar con Ali junto a Nico y Nacho. Cerca de los baños, Anuar se encuentra con una amiga y me dice que prefiere quedarse por ahí. Considero que no deberíamos separarnos, pero él insiste.

—Ahorita los alcanzo— logra decirme antes de que la multitud me fuerce a subir las escaleras.

De regreso, pasamos frente al puesto de snacks, donde vemos a otro policía municipal haciendo guardia. Ya no hay fila, ni siquiera gente esperando a recibir sus órdenes de comida, sólo el par de empleados del puesto recogiendo. La ligera preocupación que siento desde hace varias horas se convierte en verdadera ansiedad. 

Se supone que todavía faltan más de seis horas de festival, y ya se acabó la comida.

Llego con Ali y me cuenta del segundo avistamiento de Ed Maverick. Parece que le estaba estorbando el paso al flujo de personas que venía del baño.

Macario Martínez 7:30 pm - 8:00 pm

En varios videos que me manda David, veo cómo las personas de las filas de afuera le gritan ‘CULERO’ a los de seguridad y a los organizadores. En uno de ellos, una persona está con un megáfono informando: “No hay acceso para invitados, nada más para la gente que pagó boleto.” Una persona responde: “¡Somos un putero de nosotros!” Parece que aquellos en la supuesta lista, que incluía a los que pagaron $100 pesos por su entrada desde hace más de medio año, no están pudiendo pasar.

Al mismo tiempo que Macario sube al escenario, escuchamos el inconfundible sonido de un aguacero cayendo sobre la lona de Sala Urbana. Este debe de ser un día espantoso para todas las personas que se quedaron fuera.

La historia de Macario desde trabajador de la basura hasta la viralidad musical está bien documentada, y me alegro de ver la emoción con la que es recibido por la audiencia. Nunca le había prestado demasiada atención a su obra, y en vivo me sorprenden lo detallados que son sus arreglos. 

La música de Macario logra tranquilizarme un poco. A pesar de todos los problemas del festival hasta ahora, y consciente de que todas aquellas personas que se quedaron allá afuera merecen una justa compensación por no poder pasar, parte de mí siente que de ahora en adelante, las cosas podrían salir bien para el Bandemia.

Y es entonces que a media canción de Macario, se va la luz.

No puedo aguantarme la risa de los nervios. Macario se adelanta e intenta continuar el show en acústico a pesar de que solamente las primeras tres filas de la audiencia lo pueden escuchar. Se rinde al poco tiempo y el escenario se vacía.

Lo más lógico es que se haya ido la luz en toda la zona. Sin poder ver hacia afuera de Sala Urbana, no podemos confirmar si el recinto es el único sin electricidad, pero curiosamente, los bares de bebida todavía están iluminados. Nos quedamos 10 minutos en la oscuridad, entre abucheos y chiflidos, intentando averiguar qué sucede, mientras nuestro grupo arriba a dos teorías de lo que pudo haber pasado: 

    1. Este tipo de salas de eventos normalmente no conectan todo el sistema de audio, luces y video a la luz del municipio. Con frecuencia lo hacen a un generador, precisamente para no estar sujetos a algún corte. Puede que —para ahorrarse el generador— Sala Urbana haya decidido conectarse a la electricidad pública, y una descarga por la lluvia hizo que se fuera la luz en toda esta área de Naucalpan.
    2. Nos enteramos de parte de alguien cercano a nosotros de que un video que circula en redes muestra un portazo en el que entraron cerca de 100 personas. Después de esto, las autoridades consideraron que el evento ya se estaba saliendo de control y cortaron la luz del recinto (con generador o sin generador) a manera de forzar a los organizadores a calmar los ánimos. El rumor que repiten los que están alrededor de nosotros en la audiencia —y esto no lo podré confirmar durante el año posterior al evento— es que para cuando se dio el portazo no solo no estaban dejando entrar, sino tampoco salir.

Sea lo que sea, la sensación de la mayoría en nuestro sector es la misma: esto ya está efectivamente cancelado, o debería estarlo. Nico nos recuerda el desastroso desalojo del Multiforo Alicia en mayo de 2025 por parte de la policía, la Guardia Nacional y el Ejército, y menciona que probablemente las autoridades no quieren que se dé una situación por el estilo que invite al mismo tipo de controversia.

El mismo chico que nos cuenta sobre el portazo nos dice que varios de quienes lo acompañaban estaban cerca de los baños y lo vieron suceder de primera mano. Ellos —nos cuenta— vieron cómo la salida de emergencia se abrió desde dentro porque la gente quería salir. Como aquella puerta daba a donde estaban las filas de ingreso, la gente de afuera aprovechó la confusión para entrar.

Ali me dice que la selección del foro es lo que más derivó en toda esta situación, y estamos de acuerdo en que muchos de estos problemas se hubieran podido evitar en un lugar al aire libre, aunque estemos en plena época de lluvias para la ciudad. Un foro abierto evitaría lo que más me preocupa en este momento: casi 2,000 personas en una sala techada calurosa sin luz, con la gente de todas las maneras posibles atrapada. Una olla exprés.

Comienza un canto de “FESTIVAL DE MIERDA” a través de la audiencia, mientras veo a un chico de playera de rayas—que reconozco como de los más eufóricos dentro de los mosh pits de hace rato— dando un anuncio. Transcribo lo siguiente de una nota de voz que logré grabar:

“…hace como media hora, a las personas de afuera empezaron a echarles gas lacrimógeno. Ahora sí no sé qué podemos hacer nosotros más que esperar a que alguien dé la cara y diga algo. Para empezar, esto de que quitaran la luz… La quitaron los güeyes de Sala Urbana. Que a las personas que no las dejaron pasar, les dijeron (las autoridades, imagino): ‘No las dejamos pasar hasta que el organizador arregle el pedo que tiene allá adentro.’ No ha habido pedos aquí dentro, según yo. No sé si ustedes hayan visto algo. A lo mejor tenemos la energía elevada, pero cualquier cabrón que pertenezca a este pedo sabe que ese no es ningún problema. Pero el hecho es que allá afuera, ya empezaron a agredir gente. A mí me dijeron que les pegaron con un extintor. Ahora, los que ya escuchamos, hay que hacer silencio y decirle a las personas que están alrededor. Básicamente, nosotros que estamos aquí no hay que hacer desmadre, porque allá abajo ya hubo putazos de parte de la autoridad. Ya pedo serio. Quieren que nos calmemos aquí adentro, para que se calme allá afuera. Por eso nos quitaron la luz. 
Todos unidos. Traten de no bajar al baño, porque desde ahí hay pedo.”

Una de las personas que lo acompaña nos muestra un video de lo que sucede allá afuera. Vemos la entrada de Sala Urbana cubierta de algún tipo de gas, mientras varias personas intentan alejarse lo más que pueden del portón. 

Pienso en Anuar, a quien no he visto desde hace más de media hora. 

Intento marcarle. No me contesta. Le mando un mensaje, preguntándole si está bien.

Durante los días siguientes al Bandemia, me enteraré de que aquel gas que se puede ver en todos los videos que se compartieron no es lacrimógeno, sino polvo de extintores. Los elementos de seguridad de la Sala Urbana decidieron descargarlos sobre la gente para dispersarla. Es una clara violación de todos los códigos de Protección Civil sobre el uso de extintores y un peligro cuando no se utilizan para su única intención de apagar incendios, ya que este polvo es altamente tóxico al inhalarlo o cuando entra en contacto con la piel o los ojos.

El ambiente está un poco más calmado ya que se esparció la voz de lo que sucedió afuera. Todos quieren evitar algún incidente. Alguien adelante de nosotros saca su celular, abre Tinder y empieza a pedirles consejo a las personas que estamos atrás sobre a quiénes darles me gusta.

Mint Field 8:00 pm - 8:30 pm

Se fue la luz. Les pedimos una disculpa, esperen unos minutos más y regresamos”, dice una voz en off desde los monitores. 

Hay un flashazo de luz y se enciende la pantalla del escenario, mostrando el escritorio de una Mac. De la audiencia se escuchan tanto vítores como abucheos, mientras poco a poco se van encendiendo las luces. La vibra en este momento es de confusión, y no sabemos si todo esto continuará o alguien saldrá a avisarnos que el evento ya quedó cancelado. La pantalla del escenario despliega el logo de Bandemia y salen los miembros de Mint Field y su equipo a montar. Parece que el evento, lastimosamente, seguirá su curso. 

La audiencia se desorienta cuando Mint Field no hace mención alguna sobre la situación en la entrada o las claras fallas en la organización y logística del festival. No paran los abucheos aun cuando comienzan a tocar, y a través de aspavientos y gritos, muchos intentan que la banda entienda lo que está pasando.

Estrella Sánchez, vocalista y guitarrista de Mint Field, se ve muy desconcertada por la reacción de la audiencia. Durante una de las primeras canciones de su set, se para en seco y abiertamente le pregunta a toda la Sala si quieren que sigan tocando. Se escuchan algunos ‘SÍ’ aislados, pero el coro de los ‘NO’ es ensordecedor. Estrella esclarece que no sabía lo que estaba pasando con las personas afuera.

Sin decir más, la banda sale del escenario.

Recuerdo el Sueña Despierto, un festival del 2023 curado por Mint Field y organizado en parte por Bandemia que tenía a muchos de los mismos headliners que el día de hoy. Qué diferencia entre aquella bella noche de noviembre de 2023 y esta catástrofe.

Con suficiente tiempo de perspectiva por delante, podré asegurar con certeza que Mint Field no tenía idea alguna de lo que sucedía, y hay una alta probabilidad de que, de haber tenido todo el contexto, ni siquiera hubieran querido tocar. Hasta parecerá que subieron a Mint Field a dar la cara como chivo expiatorio. 

Unas horas más tarde, Mint Field lanzará un comunicado en redes disculpándose por su reacción y esclarecerá que no sabía la gravedad de la situación. La culpa que sienten en este post se percibirá a través de la pantalla. De todos los que están del otro lado de la organización del evento, los artistas son los menos culpables. También son víctimas de lo sucedido.

Leoguzpe (CANCELADO) 8:30 pm - 9:00 pm

Unos minutos después de que Mint Field salió furioso del escenario, Leoguzpe y su banda entran. Ya a muchos de nosotros nos parece insultante que la organización no quiera salir a dar la cara para de menos comunicar sobre qué esta pasando en la entrada del recinto, y que quieran seguir el festival como si nada. Algunos de las filas de hasta enfrente se acercan lo más posible al escenario para hablar con Leoguzpe e informarle de lo que se ha visto desde nuestro lado.

Leoguzpe parece querer ser el interlocutor entre la audiencia y los organizadores para darle sentido a la frustración que ya se apoderó de la noche. Entre gritos y abucheos, muchos de los asistentes les hacen saber que no son los artistas quienes deberían responder por las acciones de los elementos de seguridad.

Mientras esto sucede, salen al escenario dos personas que parecen ser de Bandemia. Días después me enteraré de quiénes son: Alex Díaz y Axel Novoa. Se acercan a los micrófonos y Leoguzpe retrocede.

—Primero que nada, una disculpa —dice Díaz, sosteniendo en su otra mano una radio—. Tuvimos una advertencia de Protección Civil que hizo que cerráramos las puertas y que ya no pudiéramos ingresar a más personas hacia acá. Eso se salió de control y llegó la policía allá afuera. 

Novoa, mientras tanto, está detrás de él, haciendo señas para calmar a la fúrica audiencia. Algunas personas adelante de mí alzan un puño, una forma muy común de llamar a guardar silencio en protestas, manifestaciones y otras grandes aglomeraciones. La señal se extiende a través de la multitud.

—Lo más conveniente para nosotros es cancelar este festival —continúa Díaz.

Empiezan a caer vasos y botellas vacías al escenario. 

—No avienten cosas, por favor —Díaz se mueve del centro del escenario para evitar que algo caiga sobre él.

Los miembros de la banda de Leoguzpe ya se ven muy nerviosos, y al jalar un cable por equivocación, cae un micrófono de su stand.

Díaz se ve harto y le cede la palabra a Novoa. 

—Estamos tratando de mantener esto en calma. Espero que puedan entender —dice Novoa. 

Los abucheos no paran. 

—Queremos también escuchar lo que ustedes gustan. Déjenme hablar, por favor.

Calmar a la audiencia ya es imposible, y en el escenario pierden la paciencia. 

—No puedo hablar, entonces…

Novoa mira a la multitud. 

—¿Qué quieren? ¿Alzar el puño? —dice, mofándose. Parece no comprender que las personas con puño arriba están pidiendo silencio para poderles escuchar. Novoa alza su puño en burla y baja el micrófono. 

Díaz interviene de nuevo. 

—Con el tema que pasó con la policía allá afuera, muchas de las bandas ya no quieren tocar. Entonces, la decisión que tomamos… La consultamos con todas las bandas; ellos están de acuerdo… Ya no quieren tocar. La verdad, por la situación que sucedió allá afuera, lo mejor sería no continuar.

Crece el grito de ‘REEMBOLSO’ en la multitud. A pesar de que todo apunta a que tanto el recinto como el resto de los organizadores y las autoridades están de acuerdo en no continuar, Novoa quiere someter la cancelación a una votación de la audiencia. 

Este plebiscito improvisado continúa por un par de minutos. A mi lado, un chico grita que este es un intento de la organización de lavarse las manos de la decisión de cancelar. 

Viendo que este burdo experimento en democracia directa no llevará a nada, Novoa cede. 

—Creo que estuvo padre lo que se vivió, ¿no? Pues el evento queda cancelado. Muchas gracias. 

Salen varios elementos de seguridad al escenario para interceptar a Novoa, anticipando que la gente molesta provoque algún incidente. Novoa se tropieza a la salida y el Bandemia 2025 queda oficialmente cancelado. Un silencio de decepción cae sobre la multitud.

Belafonte Sensacional (CANCELADO) 9:00 pm - 9:30 pm

Nico, Nacho, Ali y yo nos quedamos varios minutos a la mitad de Sala Urbana, viendo cómo poco a poco se vacía. A pesar de la tangible molestia de los asistentes y lo tenso del ambiente, parece que la tristeza y las ganas de ya salir de Naucalpan le ganan al impulso de la audiencia de mostrar su inconformidad de otra manera.

Unas personas salen al escenario y toman un micrófono mientras más y más gente va saliendo del recinto. Les reconozco como miembros de Grito Exclamac!ón.

—Les pedimos una disculpa a todos ustedes que pagaron una entrada, pero nosotros en las bandas creemos que no es posible seguir con este trip […] vamos a intentar reponérselo a ustedes.

Ya no hay nada que nos retenga aquí, por lo que nos dirigimos a la salida. Vemos una fila gigantesca de personas intentando recuperar sus pertenencias del guardarropa. Pienso también en qué habrá pasado con el valet parking de $200 pesos.

Salimos a la fría y húmeda noche del Estado de México. Ya dejó de llover, y siento que —en el aire libre pero contaminado de lo que ya es la Carretera México-Querétaro— puedo respirar bien por primera vez desde las once de la mañana. 

Extendiéndose por decenas de metros afuera de Sala Urbana, vemos una hilera de oficiales de policía, más de treinta por lo que puedo contar a ojo de buen cubero. Un dispositivo de entre treinta y cincuenta policías municipales para un festival de este tamaño en el que parece que no hubo incidente de violencia de parte de los asistentes no solamente es algo inédito, sino que es insultante. Suena a criminalización de los asistentes, quienes menos culpa tienen de la escalada de tensiones tanto adentro como afuera del festival.

Ali y yo nos despedimos de Nico y Nacho, que se dirigen de vuelta a la Ciudad de México. Ella y yo vamos hacia el norte, a Ciudad Satélite. Antes de pedir nuestro transporte, caminamos sobre el Periférico para encontrar una tienda y algo de tomar.

No Somos Marineros (CANCELADO) 9:30 pm - 10:00 pm

Estoy en el Oxxo a una cuadra de Sala Urbana. Ali se quedó afuera, esperándome. Hay una fila enorme que serpentea a través de los pasillos de la tienda. Muchos traen cerveza; ya vienen enfiestados y no quieren parar aún tras la cancelación del festival. Espero que logren comprarla antes del corte de venta de bebidas alcohólicas a las 10pm, un clásico marcador del tiempo nocturno acá en el Estado de México. 

Tres mujeres de mediana edad en ropa cómoda y dos niños en pijama vienen delante de mí. Claramente no fueron al Bandemia y se les nota algo de confusión con el gentío dentro de la tienda. Platico un poco con ellas. Vienen desde Veracruz al Torneo Nacional de Judo de sus hijos y se están quedando en uno de los hoteles a un lado de Sala Urbana. Han estado ya un par de días en la zona, y en las noches bajan a este Oxxo por algo de cenar. A estas horas encuentran la tienda desierta, y les sorprende que ahora esté llena de jóvenes vestidos de negro con caras largas. Les hago un resumen conciso de la tarde,y al final les pregunto si han visto el altercado de los extintores. Me cuentan que no, pero una de ellas me dice que ese mismo sábado en la madrugada, como a las dos o tres de la mañana, escuchó música muy fuerte proveniente de la Sala. Es muy probable que fuera una prueba de sonido, algo tarde para tenerla. Por alguna queja de ruido, chance desde entonces las autoridades ya tenían puesto el ojo sobre el evento.

Gloory Hole (CANCELADO) 10:00 pm - 10:30 pm

Unos minutos después, muchos ya se están quedando sin poder comprar cerveza. Estoy algo harto —podría salirme de la fila—, pero sí me siento deshidratado y necesito urgentemente un trago de esta agua mineral. Mientras avanzo hacia la caja, reflexiono sobre este día. Me entristece que parezca que estas situaciones sólo les suceden a eventos de música independiente: la música que normalmente no cuenta con el respaldo de una gran disquera, con un aparato de relaciones públicas o una relación íntima con las promotoras monopólicas del entretenimiento en México. Más que nada me apena por las bandas más pequeñas del festival, en especial aquellas que no llegaron a presentarse, porque estos eventos son su salvavidas en una industria que parece quererlas lo más relegadas posible. Muchas —si no es que todas— de estas bandas no ganan nada de dinero de las escuchas en plataformas de streaming, sino de sus shows en vivo, y venta de su merch y música en físico. 

David me manda un mensaje. Me cuenta que ya está en casa. Me dice que una de las cosas que más se le quedaron fue que las personas de afuera, hasta eso, estaban bastante tranquilas. Molestas, claro, pero tranquilas. Que les siguieron el juego a los de seguridad de armar las diferentes filas y de esperar a que reabrieran las puertas. Por eso vio muy innecesario el tema de los extintores, y hasta lo sintió más como una provocación. Termina con que ya quiere su dinero de vuelta y que se va a ir a dormir.

Pago nuestras aguas minerales y afuera del Oxxo veo a Ali hablando con unos cuantos conocidos. Ellos ya llevan varias horas afuera de Sala Urbana. Parece que lograron salir por uno de los accesos del backstage. Están esperando a sus amigos, que todavía están recogiendo sus cosas en paquetería. Todos sentimos bastante decepción, y aquí —sentados en la banqueta sobre el Periférico Norte— finalmente nos dimos cuenta de la verdadera pérdida de tiempo que fue este día. 

Entre ellos está Iván, que viene desde Xochimilco, y sólo está preocupado por llegar a casa. Su plan para la noche —quedarse hasta el final del Bandemia, encontrar algún lugar de after en los alrededores de Sala Urbana y tomar el primer metro de la mañana de regreso al sur de la Ciudad de México para evitar lo inseguro de la noche— ya no es realizable. En el momento en que lleguen sus amigos, va a hacer lo más posible para alcanzar las últimas corridas del transporte público. Me cuenta que podría estar más molesto por haber perdido el salario del medio día de trabajo que pidió para venir al festival. Ali —que vino directamente desde su trabajo e igual pidió ese mediodía— sí está, con toda la razón, fúrica.

Más hidratados y ya bastante agotados, pedimos nuestro Uber y nos despedimos. Unos minutos después, ya estoy en el coche, a punto de quedarme dormido. Antes de salir de Sala Urbana había logrado ver de reojo que Anuar me había mandado unos mensajes, avisándome que ya se iba y que estaba bien. Prendo mi celular y los leo a detalle.

[02/08/25, 8:15:26 p. m.] Anuar: Creo que lo mejor es irme con mi amiga porque van para la Narvarte
[02/08/25, 8:16:05 p. m.] Anuar: Salimos por atrás
[02/08/25, 8:16:13 p. m.] Anuar: Por donde está la barra
[02/08/25, 8:32:51 p. m.] Anuar: Ya me subí a nuestro Uber
[02/08/25, 8:32:55 p. m.] Anuar: Nos vemos otro día
[02/08/25, 8:32:58 p. m.] Anuar: Take care
[02/08/25, 8:33:13 p. m.] Anuar: Despídeme de Ali por favor
[02/08/25, 8:33:30 p. m.] Anuar: Ahí me platicas en qué acaba jajaja

El Shirota (CANCELADO) 10:30 pm - 11:00 pm

Demencia Infantil (CANCELADO) 11:00 pm - 11:30 pm

Grito Exclamac!ón (CANCELADO)  11:30 pm - 11:59 pm

3 de agosto, 2025: Valgur (CANCELADO) 12:00 am - 12:30 am

Diles que no me maten (CANCELADO)  12:30 am - 1:00 am

Unperro andaluz (CANCELADO)  1:00 am - 1:30 am

Juan Cirerol (CANCELADO) 1:30 am - 2:00 am


2 de agosto, 2026 

El 3 de agosto de 2025 me levanté pensando en lo extraño que fue que Axel Novoa, a nombre de todos los organizadores, quisiera someter la continuidad del evento a votación a mano alzada. Ese día, revisando las publicaciones de Instagram del Bandemia, me percaté de un comunicado, subido entre las 6 y las 8 pm de la noche anterior, que informaba del cierre de puertas de Sala Urbana “por recomendación directa de Protección Civil (…) Las personas que adquirieron boleto fuera del cupo permitido no podrán ingresar al evento.” En este mismo comunicado se informaba del reembolso de la totalidad del boleto a aquellas personas que no habían podido acceder. Unas horas más tarde, ya que Sala Urbana se estaba desalojando, en otra publicación, Bandemia se lamentó por la suspensión y, contradiciendo el anterior comunicado, informó que al ingresar “aproximadamente 1,700 personas, el venue decidió cerrar puertas sin consultarnos y sin previo aviso (…) La violencia por parte de la seguridad del venue es 100% ajena al equipo y a nuestra organización.” Aquí mismo, el reembolso anunciado previamente se extendió a todos los asistentes del evento.

Mucho del desencanto de ese domingo tenía que ver con la pregunta —hasta este momento todavía una incógnita— de si los organizadores habían sobrevendido el evento y por qué no se había comunicado ninguna de las situaciones externas al momento en que sucedía. También extrañaba que muchas bandas no se hubieran declarado al respecto. Para la mañana del 3 de agosto, solamente Valgur y El Shirota se habían posicionado, ambos desde la noche  anterior. Poco a poco, durante las siguientes horas, muchos de los otros artistas se posicionarían sobre lo ocurrido. Grito Exclamac!ón, remarcó que “Bandemia son grandes amigos nuestros y personas que han buscado ayudar a la escena independiente (…) Comprendemos que la logística tampoco fue la más pensada en algunos aspectos y que hubo decisiones muy espontáneas por parte de ellos que pudieron incomodarnos a todos en general, pero también tratamos de empatizar con la organización y su trabajo para hacer su PRIMER festival que no es nada fácil.” Tampoco ayudaron a calmar los ánimos los comentarios de antes del evento, sacados del Instagram de Estoy Harto de Todo El Mundo, en los que parecía mantener un tono hostil y sarcástico con muchos de los futuros asistentes.

Pantallazo de algunos comentarios de Estoy Harto de todo el Mundo

Poco después del mediodía de ese domingo, Sala Urbana publicó un comunicado defendiendo el actuar de sus elementos de seguridad, estableciendo que se desempeñaron conforme a “las normativas legales, permisos y protocolos de seguridad requeridos para la realización del evento, incluyendo el aforo máximo autorizado y las medidas de protección civil” Convenientemente, establecen que solamente fueron sede del evento, y toda la coordinación, logística y organización, tanto dentro como fuera del recinto, era responsabilidad de Bandemia. Establecieron que se presentó una aglomeración inusual de personas sin boleto que presionó a la seguridad, forzando a cerrar las puertas de manera preventiva. Yo me adelantaré a suponer que esta “aglomeración” era simplemente de personas que no tenían boleto físico o digital porque esperaban estar en la lista de invitados con la previamente mencionada entrada de $100 pesos.

El 4 de agosto, Ed Maverick publicó un comunicado para esclarecer su relación con el Bandemia. Indicó que “Hoy es un buen día”, su sello, no había participado de la organización de ninguna manera. Previamente había sido invitado a tocar, sin cobrar su cuota completa, hasta que quiso involucrar a su promotora para asegurar que la infraestructura y producción “estuviera en regla.” Al día siguiente de esta plática, se anunció el festival sin Maverick en la alineación. Según él, asistió para apoyar a los artistas de su sello y le sorprendieron muchas de las deficiencias del festival. Destacó que está “cansado de que existan este tipo de negligencias y que al final parezca que se les olvida pasando dos o tres semanas (…) Fue un festival negligente (…) estuvo muy mal ejecutado. No podemos dejar que esto siga pasando cuando ES EVITABLE.” 

Más tarde ese mismo día, en una de sus transmisiones en vivo, La Bestia Radio (un espacio autogestivo de la música independiente mexicana que frecuentemente destaca a la misma ‘escena’ que se iba a presentar en el Bandemia) comunicó una historia similar a la del sello de Ed Maverick. En muchos carteles iniciales, La Bestia Radio aparecía como promotor, pero tras varias conversaciones con Luis Tejeda (que hasta unos meses antes del festival tenía un show en vivo en La Bestia) para incluirla oficialmente como medio colaborador, nunca se formalizó un acuerdo para participar de forma más activa.

El 5 de agosto, el gobierno de Naucalpan suspendió a Sala Urbana por las múltiples deficiencias que evidenció Protección Civil durante un examen a detalle de las instalaciones. Ese mismo día, No Somos Marineros, Grito Exclamac!ón y Diles que no me maten se presentaron con entrada libre en el Barco Utopía de Iztapalapa a manera de reparación del daño y para sustituir sus respectivas presentaciones canceladas del Bandemia.

El 6 de agosto, Bandemia lanzó un último comunicado en el que se lamentaban del fracaso que fue el festival, ofreciendo disculpas y reconociendo su “responsabilidad de garantizar un evento seguro y organizado.” Declararon que no hubo sobreventa de boletos, que el contrato con Sala Urbana estipulaba 2,500 asistentes, y que el cierre de puertas fue decisión del recinto, al mismo tiempo que fue la acción incitante de la violencia. De igual manera, lamentan los comentarios de Estoy Harto de todo el Mundo en Instagram, confirman el reembolso de las entradas a todos los asistentes, piden que no se señale a medios, bandas, artistas y demás colaboradores como responsables, y declaran que presentarán una denuncia en contra de Sala Urbana. Al día siguiente, el 7 de agosto, pasó justamente eso, con el aviso de que Bandemia procedería legalmente en contra del lugar debido al actuar de sus elementos de seguridad. 

El 15 de agosto, Corriente Alterna UNAM publicó una investigación periodística que relata la versión oficial de los organizadores. Esto, a la fecha, parece haberle puesto punto final a lo sucedido. En ella, declaran que la decisión de cerrar las puertas del recinto no fue —como declararon en un inicio— decisión de Protección Civil, sino que fue unilateralmente de Óscar Quezada Campos, gerente operativo de Sala Urbana. Reiteran que en su contrato estaban contempladas 2,500 personas y que fue este mismo gerente el que dio la orden de usar los extintores. Según Novoa, “si este güey (Óscar Quezada) no nos hubiera cerrado las puertas, todo hubiera salido perfecto.” Yo no estaría tan seguro de eso. Considero que, de haber entrado 800 personas más para alcanzar el cupo máximo del recinto, las posibilidades de que las cosas salieran peor de lo que lo hicieron aumentaban considerablemente.

Manifiesto de seguridad en una de las paredes de Sala Urbana.

El 11 de octubre, durante el Festival Vaivén en los Jardines de México, comenzó a circular en redes sociales una imagen de un cartel a la entrada que declaraba que “al ingresar al evento usted asume expresamente todos los riesgos, lesiones o daños a sí mismo o a su propiedad como consecuencias de las acciones u omisiones propias o de terceras personas, según sea el caso, por lo que exime toda responsabilidad al organizador del evento y/o afiliadas.” Dejando de lado la cuestionable legalidad del comunicado e inclusive si este se podría considerar como algo realmente vinculante, la preocupación generalizada fue la tendencia de organizadores y promotoras de intentar lavarse las manos de cualquier situación y de querer deslindarse de algún accidente que suceda dentro de sus eventos. Algo más que evidencia un patrón dentro de toda la industria, independiente o no.

Parece que estamos en un constante ciclo —tanto en el sector de la música en vivo en general como en este difuso y empañado concepto de la ‘escena’ en México— de crecimiento inusitado de la fama de ciertos grupos, eventos y promotores; controversia y señalamiento tras alguna situación crítica; discusión política sobre cómo crear una verdadera escena cultural más comunitaria y horizontal; lenta muerte del discurso propositivo del cambio; para terminar en olvido a las pocas semanas. Todo para que vuelva a pasar otra vez en un mes o dos.


A un año de su cancelación, ¿por qué rememorar el Bandemia?

Muchas de las bandas que sí tocaron ese día, al igual que aquellas que nunca lograron subirse al escenario, ya han vuelto a los shows en vivo. Es más, algunas se presentaron en otros eventos unos cuantos días después. Hay nuevos discos de ellas, shows masivos en plataformas más grandes, y tienen una fama y reconocimiento mayores a los que tenían para el 2 de agosto de 2025. La ‘escena’ de música alternativa independiente —aquella que Bandemia quería representar en su aparente cúspide— no está muerta, ni siquiera está herida. Si quisiéramos, hasta podríamos decir que el Bandemia no es más que una dolorosa nota al pie en la carrera musical de todos estos artistas. Promotoras, eventos y organizadoras van y vienen, pero lo que se queda son las obras musicales de todo este cartel y la pasión de los fans que los han seguido, siguen y seguirán

De todas formas, no puedo evitar pensar en el Bandemia con cierta recurrencia. Tanto en lo que fue como en lo que pudo haber sido. Y no me refiero a “lo que podría haber sido” con especulación romantizada, sino más bien al posible futuro en que la situación de aquel día hubiera empeorado. El Bandemia, a pesar de su catastrófico final, no acabó en tragedia. Aun así, que constantemente haya eventos en este país que acaben en cancelaciones, suspensiones, heridos y hasta negligencia criminal que termine con la vida de alguna persona, no es normal. Es sintomático de una industria en crisis de la cual nadie quiere hacerse responsable de sus excesos. 

Durante los días siguientes al festival, el Bandemia se convirtió —más que nada— en una advertencia. Una historia de un grupo de jóvenes con bastante experiencia organizando conciertos de carteles reducidos en espacios autogestivos, pero con muy poca madurez para los festivales masivos. Para muchos que escucharon de lo sucedido sin haber asistido, este tipo de cosas sería mejor dejárselas a las grandes promotoras. Para mí —como lo demuestran las muertes de Berenice Giles Rivera y Miguel Ángel Rojas Hernández durante el AXE Ceremonia de 2025— las organizadoras corporativas también resultan ser particularmente buenas para realizar eventos con finales trágicos. El Bandemia fue sólo un mal día para quienes asistimos. El mal sabor de boca de aquella tarde en Sala Urbana es incomparable con las consecuencias exponencialmente más graves del AXE Ceremonia.

Yo tampoco me creo esta historia que escuché un par de veces de allegados a la ‘escena’ que “los organizadores volaron demasiado cerca del sol y se les fue de las manos.” Que “no hay que tirarles tanta mierda porque en la escena debemos de apoyarnos porque no tenemos tantas herramientas.” Que se les salió de las manos es obvio. Yo estaba ahí y lo pude ver con claridad aun antes de que empezaran los desastres afuera del recinto. En mi opinión, la empatía se encuentra mal colocada si se deja a favor de los organizadores. Hay responsabilidades como organizador, como recinto y como promotora. La organización de un festival, en especial uno con una asistencia esperada de entre 2 mil y 3 mil personas en adelante, no se puede tomar a la ligera. Entre los miles de boletos que se vendieron, estaban los adquiridos en línea, aquellos comprados en físico, los invitados de las bandas y del staff, los boletos de la cómica promoción de $1 peso y los accesos en lista de aquellos que compraron su entrada por $100 pesos casi medio año antes. Estos últimos boletos, para mí, son los que causaron los iniciales desencuentros entre asistentes y seguridad, ya que muchas personas tenían que comprobar su compra con pantallazos y mensajes de WhatsApp. Presiento que los organizadores no contabilizaron bien la cantidad de boletos de preventa inicial que vendieron, al igual que no consideraron la totalidad de los invitados de staff y artistas dentro del aforo permitido para descontar del boletaje.

A finales del año pasado, estaba cenando en la mesa de un par de abogados cuando salió el tema del Bandemia. Uno de ellos, un amigo cercano, ya había gestionado eventos de este estilo con algunos sitios de entretenimiento, y al platicarle lo ocurrido, se sorprendió de que desde antes del día del festival le hubieran encendido varias alertas. Reiterándome que nada de lo que me diría sería un consejo legal, me comentó que los permisos para eventos masivos de esta índole normalmente es necesario tenerlos desde meses antes para contar con la aprobación de Protección Civil. Que el aviso de parte de Bandemia del recinto —Sala Urbana— fuera con menos de dos semanas de antelación era una de las primeras señales de que, por alguna razón, se apresuraron las cosas. Sería poco probable que algunos temas como pólizas de seguro o contratos para seguridad y staff del evento se hubieran podido tener en forma con sólo medio mes para prepararse. 

Otra de las alertas significativas fue que la mayor parte de la venta de boletos parece haberse realizado sin conocimiento del recinto final y su ocupación aprobada. Quiero reiterar que todo esto es suposición, pero para aquella mesa, todo olía a que o no se encontró un lugar dentro de la Ciudad de México, o alguna falla en planeación hizo que no se concretara la firma con el primer recinto escogido, llevando a la selección de Sala Urbana en el Estado de México.

Más que nada, la mayor falla que encontraron —esto del lado del recinto— es que nunca está jurídicamente justificado que algún elemento de seguridad agreda a una persona sin acreditar debidamente su defensa legítima. Esta se debería comprobar con la genuina sorpresa por la acción repentina o escalada por parte de los asistentes. Tendría que haber una aparente desventaja entre las partes y un legítimo peligro para la seguridad del evento. Al mismo tiempo, la acción que se tome como respuesta debe ser proporcional a la amenaza. Los elementos del recinto, por su simple condición de oficiales de seguridad, tendrían una posición de relativa ventaja. Para terminarla de acabar, el utilizar extintores de cualquier manera que no sea para su uso oficial, en el mejor de los casos, es una falta administrativa. Quienes contaban con estas herramientas, que podrían causar verdadero daño debido a su contenido tóxico, era la seguridad.

Si se comprobó o no la desventaja y la legítima defensa de parte de la seguridad de Sala Urbana para deslindarlos de alguna repercusión, nunca se hizo de manera pública. Por todas estas razones, a aquella mesa le sorprendió que estas acciones no hubieran derivado en mayores consecuencias legales. Yo vi todos los videos que se pueden encontrar en redes sociales sobre el Bandemia hasta el día siguiente. Desvelado, molesto y decepcionado, escribía las primeras palabras de esta crónica mientras veía la incomprensible rabia con la que muchos de los elementos de seguridad actuaban en contra de las filas de personas que nunca pudieron entrar.

En el año desde la cancelación del evento, realmente no se ha esclarecido cuál era el plan con todos los boletos que se vendieron. Por más que la culpa final del desenlace caótico de la noche recaiga sobre los pésimos elementos de seguridad de Sala Urbana, como organización, hay una responsabilidad legal sobre la seguridad de tus asistentes. La capacidad de Sala Urbana registrada era de 2,500 personas. Según los organizadores, había 1,700 dentro del lugar. Pero en las filas de acceso, para el momento en que Protección Civil pidió cerrar el acceso, había más de 800 personas esperando entrar.

Más importante es que, recordando cómo se sentía el ambiente con las 1,700 personas finales ahí dentro (acalorado, apretujado, sofocante y hasta peligroso), no tengo ni idea de cómo hubiéramos podido caber 2,500 personas ahí. La Sala Urbana definitivamente no está hecha para un festival tan largo, de 28 bandas y más de 14 horas. Aún sin el portazo y el descargue de extintores, un espacio encerrado con 2,500 personas sin más que comer que hot dogs y palomitas —que se acabaron a las 7 de la noche, a la mitad del evento— pero con un montón de cerveza disponible, era una receta para el desastre. Por la selección de lugar y el estigma de eventos independientes entre mucha de la población en general, el Bandemia se volvió también un hazmerreír, en especial para aquellos que en su vida les ha interesado esta escena de música independiente. 

¿Para qué van a pinches Naucalpan a un lugar tan culero a escuchar a bandas que nadie conoce? Neta, ¿qué esperaban?” 

Cada semana, si no es que cada día, hay shows y toquines independientes a través de toda el Área Metropolitana de la Ciudad de México que nunca descienden a aquel nivel de desorden. Punks que ponen la entrada de la casa de un familiar e invitan a cientos de personas resultan en eventos menos caóticos. 

El problema no fue que fuera en Naucalpan, en el Estado de México, o en la periferia en general. La cuestión es cómo un festival masivo, que se anunció durante las postrimerías de la cancelación del AXE Ceremonia, que condenó la desgracia ocurrida y se posicionó como un espacio seguro con el compromiso de que algo similar no ocurriría, terminó volviéndose parte del patrón generalizado de eventos desastrosos para el entretenimiento en México. Fallas en logística suceden hasta en los festivales más experimentados. Lo peor es la reacción a esas fallas: la desinformación, el abandono, el ninguneo a las preocupaciones de la audiencia y la eventual hostilidad y violencia. No me sorprende que a posteriori muchos recordaran aquél comentario a manera de contraste con el Ceremonia como el Bandemia aprovechándose de una tragedia. En varios tuits leí, a modo de burla, si el Bandemia ahora haría una versión gratis del festival a modo de “reponer”, igual que lo hizo con uno de sus shows de 2024 que irónicamente se llamó “Reposición del show que se canceló.” No pueden seguir pasando estas “tormentas perfectas” de catástrofes en shows en los que todo lo que puede salir mal sale mal. Tal vez debemos empezar a considerar a todo el sector de la música en vivo como un gran tormentón. 

¿Por qué todavía pienso en el Bandemia a un año de que sucedió? Porque pienso en las bandas que vinieron de varios lugares de la República, con gastos que probablemente tuvieron que cubrir ellos, confiando en la exposición que les daría el participar en un festival así. Pienso en Iván y el trayecto de regreso desde Naucalpan a Xochimilco, porque fue a ver a Grito Exclamac!ón, de sus bandas favoritas. Espero que haya llegado con bien a su casa. Pienso en Ali, quien pidió medio día en el trabajo para el festival porque ambos lo considerábamos una serie de conciertos imperdibles. Perdió ese medio día de ingreso para poder ir. Nos reembolsarían el boleto, pero no cualquier ingreso perdido ese día, el transporte al festival o el alojamiento a todas aquellas personas que lo requirieron por estar lejos de casa. Tanta disculpa y tanto comunicado no quitan el mal sabor de boca, la decepción de parte de la audiencia y las bandas, y más que nada el enojo. Todavía no puedo evitar sentir que perdí mi tiempo aquel día.

Pienso en la mayoría de la audiencia, mucha de la cual parecía menor de edad, recordando lo mucho que eran para mí $650 pesos (el costo del boleto general) a mis 16 años. Y pienso en las víctimas más directas de lo sucedido, aquellas al frente de las filas de entrada, sobre las cuales se descargaron los extintores. Lo pienso porque, por cariño a estas bandas y al bello sentimiento de comunidad que hay en esta esquina de la música alternativa mexicana, creo que todos los asistentes volverían a confiar. Probablemente ya no en Bandemia, pero sí en algo que emocione de la misma manera. Valen la pena esta comunidad y esta emoción, ya que fue el mismo impulso que aquel 2 de agosto, a las 9 pm, aun bajo el ofrecimiento de parte de la organización de votar a favor para proceder, votó por no continuar por respeto a los compañeros agredidos.

Recuerdo el Bandemia porque nada, hasta ahora, impide que esto vuelva a pasar, y que aquel escenario catastrófico que afortunadamente no sucedió y sólo toma lugar en las oscuras suposiciones de mi imaginación, para otro evento sí se vuelva realidad.


Unos días antes del Bandemia estaba hablando con un editor y querido amigo mío, y le propuse escribirle una crónica del festival para el blog en línea de la revista en la que trabajaba. Hace unos minutos encontré el mensaje textual:

“Tengo un artículo para Cultura. Algo simple, pero culturalmente relevante. Sobre el Bandemia, que va a ser el 2 de agosto. Sería una historia sobre un festival que se está autoposicionando –correctamente, yo creo– como un festival que encapsula a casi la totalidad de la escena musical mexicana actual. Me gustaría hacer una crónica ya que siento que es una escena que no sólo es musicalmente consistente, sino que hasta ideológica y temáticamente, cada banda tiene una gran similitud entre sí. Creo que sería bastante interesante.”

Algo simple.

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